Andar

De un lado para otro me transportan mis piernas mientras mis ojos se posan allí y aquí. Entre el allí y el aquí hay un punto muerto, agazapado, que almacena las imágenes que ilustran el telón de fondo del escenario urbano. Imágenes insignificantes unas, oscuras otras, consagradas por el estar sistem en ocasiones. Pero siempre imágenes. Imágenes-palabras, el universo simbólico sobre el que rodamos, manipulamos, construimos, destruimos.

Juguetes de Torres García. Museo Picasso Málaga

Juguetes de Torres García. Museo Picasso Málaga

Urinario con la obra Doctor Faustus

Urinario con la obra Doctor Faustus

Restos de cartelería y grafitis urbanos

Restos de cartelería y grafitis urbanos

¿Acaso tengo un monstruo dentro?

Copia de Elena MedelCuando pasen 20 años y la crisis que nos mata esté acabando, Espacio Cienfuegos, Málaga, será probablemente un local destinado a reparar electrodomésticos, energía eléctrica envasada en cómodos recipientes.  Casi nadie recordará en ese mañana lo que allí hubo, lo que el sábado, como casi nadie recuerda en este hoy lo que hubo en otro hay. Sí recuerdo a Inma Bernils pues recitó una poesía sonora, fonética, en acción. Inma empezó descalza y acabó con sus cuartillas poéticas a sus pies descalzos. ¿Porqué debía estar Inma Bernils descalza? No lo sé, quizás descalzos sentimos una tensión física que necesitamos para leer poesía. Decía Inma que tiene un monstruo entre las fauces de su boca, un monstruo que masca chicle, que cuenta cuentos, que camina en un caos cósmico, que busca el tamaño de su voz.
¿Tengo un monstruo dentro? Si es así no he sabido mirarlo a la cara. Mi acercamiento a la poesía se parece al de la pintura pero con décadas de retraso. Empecé a pintar, mejor decir dibujar, hace muchos años, y siempre me he acercado a ella cuando he necesitado resolver algún conflicto, cuando estaba en alguna encrucijada de mi vida. Dibujaba, pintaba y un tiempo después sabía lo que debía hacer. Terapia en cápsulas. Así he hecho con mis lecturas poéticas. Pero solo que estas han aparecido cuando pinto con constancia, sin atender a mis estados de ánimo. Pinto para expresarme y leo para resolver mis dudas.
Por eso mi formación poética se remite a la recibida en la escuela y cuatro chascarrillos más. Lo que, dicho sea de paso, es en este momento una oportunidad de disfrutar, o lo que es casi lo mismo de descubrir. Y descubriendo descubriendo me tropecé con Espacio Cienfuegos, espacio cultural independiente (¿qué querrá decir esas tres palabras juntas?) y allí oí a Inma Bernils, y fotografié a Elena Medel, en una suerte de autorretrato.

Pues eso
se acabó este capítulo de mi vida.
Que ustedes lo hayan disfrutado. Yo si.
Nos vemos.

Los nidos

Las acciones que expresan sentimientos profundos, profundos de hondos, de interiores, que son entendibles aunque uno no entienda como es el otro, cómo habla, cómo dice, cómo señala, esas acciones si se hacen con una técnica depurada, pero sencilla, invisible, conmueven. Invisible pues no se pretende mostrar la técnica sino lo representado. Eso es una actividad artística potente (¡que adjetivo tan frecuente en la actualidad y tan chusco!). Mejor diremos actividad artística poderosa.
Eso es lo difícil. Comunicar con poder. Que se entienda a la primera vista. Conseguirlo es el afán de todos. Pues todos somos o podemos ser artistas al menos una vez. Pero no siempre está al alcance nuestra.  Y además cada uno de nosotros cuando intentamos conmover en cada ocasión lo hacemos de manera distinta. Lo mismo representado varias veces es distinto (salvo las series, pero eso es otro tema).
Mirad como Paco Aguilar representa un nido de dos maneras distintas. La primera la hemos comentado aquí ya.

Vista parcial de la instalación

La segunda es un grabado, llamado “Nido” de 55 por 55 cm, por el que recientísimamente le han dado un premio. En ambos caso es el nido, es la fuente, el pozo, el hogar, el deseo,… todas las cosas  y solo arte.
Felicidades Paco.

Copia de 2012 NIDO.[1]

Cámara, acción, 2

El ujier sonriente, con su tatuaje calavérico oculto, entrega un sobre al político importante. Este lo abre y saca una gruesa tarjeta satinada que con picudas letras le indica

 Olvide lo importante.

Lo imprescindible debe ser abandonado. Lo necesario ha de ser olvidado.

Recuerde, mi buen amigo, destruir es crear.

InicioDesarrolloFinal

Cámara, acción, 1

¿Deberíamos embovedar el río? Tenemos que pensarlo.

Así hablaban los dirigentes políticos sentados en los sillones mientras pensaban como salir de su crisis.

– Es un tema a aplazar. Mejor lo sacamos un año antes de las elecciones. Decía el acrisolado prohombre.

– No crees que es algo que hemos dicho, repetido y visto. Mejor un puente sobre la bahía. Terció el aspirante.

El ujier, con el rabo inquieto y feliz como si supiera que tenía ya un puestecillo garantizado, traía un sobre con las respuestas a las preguntas no hechas.

Taj Mahal

Hace escasas fechas asistí al recital poético que dio Angela Vallvey en el Museo Picasso Málaga. En él escuché a la escritora este poema que me emocionó

Toda esta belleza,
mirlos y vino confitado,
nube azulada,
dócil silencio
que a la lluvia labra
como si fuera piedra,
plumas de jaspe,
muchachas de ojos ciegos.
que no sangre más
la herida de la luz
o la noche vendrá entenebrecida
Taj Mahal
Mumbai India.
Angela Vallvey. La velocidad del mundo. Ed. Vandalia 2012

Fui, al día siguiente a mi librería de cabecera (Rayuela, Málaga) les rogué que me lo trajeran y así lo hicieron. Entretanto algunas fechas corrieron y, como debe ser, leí los versos unos días después. Perdieron parte de su encanto.

Pero recitados ellos junto a la serenidad y el silencio de la noche veraniega en el jardín de chinos del Museo Picasso, con el rostro de la poeta bajo la luz dorada, el rumor de una fuente junto a mis piés y sobre todo, por encima de todo, el poderoso recuerdo de mi visita la Taj Mahal, de su recuerdo, en la distancia y en la cercanía, de la herida de la luz, de la piedra labrada como si fuera agua. Todo eso hizo que me pareciera un gran poema. Los recuerdos de un gran viaje a un gran país le favorecieron.

Creo que debo volver a hablar de India.
Mientras que eso ocurre os dejo algunas de las imágenes que se mantienen en mi memoria.

Lo grotesco, el pintor Cornelius Ritter von Max y Enrique Simonet

La próxima exposición en el Museo Picasso Málaga “El factor grotesco” me hizo recordar a un pintor checo, casi mejor decir austrohúngaro, pues nació en Praga en 1840. Gabriel Cornelius Max (1840-1915), hijo del escultor Joseph Max, falleció en 1863 en Múnich donde residía desde durante largos años. Pintor que alcanzó mucha fama centroeuropea a través de sus obras, que son por otra parte de una gran personalidad, aunque siquiera sea por las ideas y creencias tan peculiares en las que se sustentaban. Espiritista, teósofo, “seguidor” de Darwin, etc. Fue profesor-pintor de pintura histórica- de la Academia muniquesa. Su vida y su obra dan para varios post. Si lo expongo aquí es por dos aspectos. El primero porque, como consecuencia de los avances científicos de su época, el descubrimiento –conocimiento- de los restos del hombre de Neardenthal, y el definitivo reconocimiento de las teorías evolucionistas de Darwin, desarrolló unas opiniones y creencias evolucionistas peculiares que le llevaron a pintar numerosas obras grotescas –ridículas y extravagantes a nuestros ojos actuales- en donde exponía a diversos simios en actitudes humanas e incluso imitando tipologías literarias.
Os acompaño dos obras, la primera “Monos como jueces” (1889) y “Eloísa y Abelardo” que no he podido datar.

Eloísa y Abelardo

Monos jueces de arte. Museo de Múnich

Sin embargo para nosotros malagueños tiene un interés particular pues pintó una obra, El anatomista (1869) fuente directa de imitación, y no solo de inspiración, de la obra popularmente conocida como “Y no tenía corazón” de Simonet depositada en ese museo de Málaga que nunca sabremos si volveremos a ver (dicen que a finales de 2013).

Enrique Simonet Lombardo (1866-1927). Pintor de familia malagueña que se inició en la pintura en su ciudad natal Valencia y continuó en Málaga, donde su familia volvió, en la escuela de Ferrándiz. Se le reconoció siempre como pintor de la escuela malagueña.
En su período de formación viajó por diversas ciudades europeas entre 1887 y 1890. También estuvo como corresponsal de guerra en Marruecos entre 1893 y 1894.

La casualidad (dicen que es heredera, junto con la inspiración, la laboriosidad del esfuerzo pero creo que también juega la partida el azar) hizo que encontrara la relación directa de una obra de Simonet, muy valorada y enaltecida en mi ciudad, con una de Ritter von Max (al señor Max lo hicieron caballero –ritter- y como no podía ser menos pegó título al apellido para que todos se enteraran de su importancia personal).

Óleo de Enrique Simonet propiedad del Prado

El anatomista. Pinacoteca de Múnich

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Simonet pintó “Anatomía del corazón” en 1887. Un óleo sobre tela de 177 x 291 que es propiedad del Prado y está en depósito en el Museo de Bellas Artes de Málaga.

Cornelius Max pintó “El anatomista” en 1869. Óleo sobre tela de 136,5 x 189,5. Es propiedad de la Pinacoteca de Múnich.

Las fuentes de las imágenes son las siguientes:

http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/GENERICO/S2_3_1_1nolupa.jsp?idpieza=393&pagina=4

http://www.pinakothek.de/en/gabriel-cornelius-von-max

http://xkredesuniversales.blogspot.com/2011/04/monos-criticos-de-arte.html