Feliz Año 2013

MonstruoQuerido Año 2012:
Lamento su próximo fallecimiento en estos cercanos instantes que nos sucederán. No se preocupe. Dentro de poco otro ocupará su lugar, sus zapatos, su tiempo, todo lo suyo. Será el año 2013. No puedo decirle como será, aunque hablan de él y no paran de echarle encima malos augurios. Pero peor que usted no creo. ¡Es que usted ha sido una ruina para la gran mayoría!
Bueno le debo dejar. Cómo le he dicho no sé cómo será el futuro señor 2013 porque desde la posición en la que estoy lo veo todo negro, o por mejor decir, no veo nada.
En fin, insisto, le dejo y me despido de usted tanto un servidor como mi familia; le deseamos un final feliz, que usted lo pase bien. Váyase tranquilo, pero váyase ya. Hasta nunca.

¿Acaso tengo un monstruo dentro?

Copia de Elena MedelCuando pasen 20 años y la crisis que nos mata esté acabando, Espacio Cienfuegos, Málaga, será probablemente un local destinado a reparar electrodomésticos, energía eléctrica envasada en cómodos recipientes.  Casi nadie recordará en ese mañana lo que allí hubo, lo que el sábado, como casi nadie recuerda en este hoy lo que hubo en otro hay. Sí recuerdo a Inma Bernils pues recitó una poesía sonora, fonética, en acción. Inma empezó descalza y acabó con sus cuartillas poéticas a sus pies descalzos. ¿Porqué debía estar Inma Bernils descalza? No lo sé, quizás descalzos sentimos una tensión física que necesitamos para leer poesía. Decía Inma que tiene un monstruo entre las fauces de su boca, un monstruo que masca chicle, que cuenta cuentos, que camina en un caos cósmico, que busca el tamaño de su voz.
¿Tengo un monstruo dentro? Si es así no he sabido mirarlo a la cara. Mi acercamiento a la poesía se parece al de la pintura pero con décadas de retraso. Empecé a pintar, mejor decir dibujar, hace muchos años, y siempre me he acercado a ella cuando he necesitado resolver algún conflicto, cuando estaba en alguna encrucijada de mi vida. Dibujaba, pintaba y un tiempo después sabía lo que debía hacer. Terapia en cápsulas. Así he hecho con mis lecturas poéticas. Pero solo que estas han aparecido cuando pinto con constancia, sin atender a mis estados de ánimo. Pinto para expresarme y leo para resolver mis dudas.
Por eso mi formación poética se remite a la recibida en la escuela y cuatro chascarrillos más. Lo que, dicho sea de paso, es en este momento una oportunidad de disfrutar, o lo que es casi lo mismo de descubrir. Y descubriendo descubriendo me tropecé con Espacio Cienfuegos, espacio cultural independiente (¿qué querrá decir esas tres palabras juntas?) y allí oí a Inma Bernils, y fotografié a Elena Medel, en una suerte de autorretrato.

Pues eso
se acabó este capítulo de mi vida.
Que ustedes lo hayan disfrutado. Yo si.
Nos vemos.

Los nidos

Las acciones que expresan sentimientos profundos, profundos de hondos, de interiores, que son entendibles aunque uno no entienda como es el otro, cómo habla, cómo dice, cómo señala, esas acciones si se hacen con una técnica depurada, pero sencilla, invisible, conmueven. Invisible pues no se pretende mostrar la técnica sino lo representado. Eso es una actividad artística potente (¡que adjetivo tan frecuente en la actualidad y tan chusco!). Mejor diremos actividad artística poderosa.
Eso es lo difícil. Comunicar con poder. Que se entienda a la primera vista. Conseguirlo es el afán de todos. Pues todos somos o podemos ser artistas al menos una vez. Pero no siempre está al alcance nuestra.  Y además cada uno de nosotros cuando intentamos conmover en cada ocasión lo hacemos de manera distinta. Lo mismo representado varias veces es distinto (salvo las series, pero eso es otro tema).
Mirad como Paco Aguilar representa un nido de dos maneras distintas. La primera la hemos comentado aquí ya.

Vista parcial de la instalación

La segunda es un grabado, llamado “Nido” de 55 por 55 cm, por el que recientísimamente le han dado un premio. En ambos caso es el nido, es la fuente, el pozo, el hogar, el deseo,… todas las cosas  y solo arte.
Felicidades Paco.

Copia de 2012 NIDO.[1]

Cámara, acción, 2

El ujier sonriente, con su tatuaje calavérico oculto, entrega un sobre al político importante. Este lo abre y saca una gruesa tarjeta satinada que con picudas letras le indica

 Olvide lo importante.

Lo imprescindible debe ser abandonado. Lo necesario ha de ser olvidado.

Recuerde, mi buen amigo, destruir es crear.

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