Calvo Capa en el Taller Gravura

Angel Luis Calvo Capa vuelve e exponer, despues de varios años de ausencia, en las paredes del Taller Gravura.

Otros han hablado con propiedad de su obra (Antonio Javier López en el Diario Sur y Castaño Ales). Si la traigo aquí es para expresar mi cercanía sentimental a ella: paisajes desolados donde viven, o no viven, pero fueron habitados, los recuerdos. Tierras de sol y más sol.

En estas fechas donde vemos en España la obra de Hopper (otro pintor de la soledad y de la ciudad) Calvo Capa nos recuerda que es posible inspirarse en un perfume: el perfume del color de los espacios vacíos.

Acuarela

Acuarela

Acuarela

Esta “torre del atún” como las anteriores imágenes se presentan en la exposición del Taller Gravura que permanecerá abierta hasta el día 13 de Julio . Cuando la he visto, la Torre del Atún me ha recordado algunas obras de la exposición actual de Perez Villata en la Galería Viñas.

Dejo para el final la obra “La mezquita de los 7 durmientes” que evoca poderosamente la imagen del Convento Santa Catalina del Sinaí, convento situado en el Sinaí, donde la tradición situa la zarza ardiente de Moisés, que fue mandado a construir po la madre de Constatino I el Grande.

Acuarela

Santa Catalina del Sinaí (Wikipedia)

La fuente de las imágenes de las acuarelas de Calvo capa es la web del Taller Gravura (www.gravura.es) y la de Santa Catalina es la Wikipedia.

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Marco

Marco de madre gallega y padre andaluz, de sobrenombre “el chino”, decía que era pescador. Y si bien era, ocasionalmente, pescador de bajura en la barca de su padre, lo frecuente era verlo sentado en los bancos del paseo, que justo en la puerta de su casa, miraban al mar.

Siempre con la vista en el horizonte, camiseta negra con el plano del metro de Moscú, que no sabía cómo había llegado hasta su torso, pantalones cortos del mercadillo del barrio y niebla en los ojos.

Sus amigos de banco mirando al mar, entre porro y porro, bromeaban a costa de él, llamándole soñador. Una broma suave y certera que nadie aumentaba porque Marco, un buen tipo para sus amigos, era, efectivamente, un soñador y, sobre todo, medía casi 190 centímetros de ocasionales malas pulgas.

ImagenMarco gustaba soñar que se enrolaba en barcos mercantes, iba de ciudad en ciudad, de país en país, buscando bellas ciudades con hermosas mujeres.

Marco también soñaba que en un futuro lejano viajaría en un barco velero sobre ruedas a través de un desierto pedregoso en pos de una ciudad de barro y polvo, donde los hombres y mujeres caminan cubiertos con largas camisas, envueltos en telas y turbantes para proteger su piel y ojos de la arena invisible. Ciudad muerta que en alguno de sus edificios era obligatorio, soñaba él, que contuviera un inmenso desván con infinitas cajas y en alguna de ellas, seguro, estaría el paradero que buscaba.

Imagen

La imagen superior es un grabado de pequeño formato de Paco Aguilar hecho en el 25 aniversario del taller Gravura. La imagen inferior es un dibujo, también de pequeño formato, de Salvador León.